jueves, 17 de mayo de 2012

La caricia literaria en Koko de Marina Sandoval


 Saludos, apreciados lectores. Hace pocos días  se bautizó, en el espacio de la Librería Kalathos de la ciudad de Caracas, el libro de relatos infantiles KOKO de la escritora y amiga Marina Sandoval. La presentación del mencionado texto-con fotografías de este servidor- estuvo a cargo de la profesora e investigadora Julia E. Rial. Reproducimos a continuación el mismo que sirvió de antesala para una tarde llena de regocijos, alegrías y encuentros, compartidas al fragor del afecto de los amigos cercanos.

 
La caricia literaria  en Koko de Marina Sandoval
                                                                                           
                                                                            Por: Julia Elena Rial




 Desde el antiguo Egipto donde las plumas de avestruz adornaban las cabezas de diosas y faraones y equilibraban, por su liviandad, el peso del corazón en la balanza que decidía el destino eterno de los muertos, hasta el pueblo de Caicara, bañado por las aguas  ya no del Nilo sino del Orinoco, los avestruces han conservado, perennes e inmutables, los ritos cotidianos que Marina Sandoval  recrea en su libro Koko  que hoy presentamos.
Las palabras se tornan en blandura cuando de hablar a niños se trata. Toques sencillos, pinceladas de mirada cariñosa, son el ornamento del lenguaje con que la escritora relata los principales pasajes de la vida cotidiana de sus protagonistas. Marina reemplaza la careta humana por la caricia literaria zoológica para que el avestruz no sea mímesis del hombre sino expresión de su auténtico vivir, en sintonía con su primitiva simplicidad. La escritora aborda la aventura de escribir con el ritmo acompasado de las aves, las cuales expresan, en las imágenes artísticas del fotógrafo Alfonso Solano sus regodeos y brillantes plumajes. Solano interviene el lenguaje a través de la forma y el color, libre de tutelas para que las aves manifiesten su actividad y dinamismo; en Koko las imágenes emulsionan la palabra.
            Si en la antigua Mesopotamia los avestruces eran portadores de igualdad y justicia, hoy Koko nos ofrece la armonía en la rutina de esa aves milenarias, a través de un recorrido por los hitos más  significativos de su diario vivir,  expresados en  las metáforas verbo-visuales  de las páginas a color,  donde las danzas ancestrales parecen envueltas, como relata Marina, por la marcha nupcial de Mendelssohn. Leemos la gracia escritural de quien disfruta lo que expresa, una fábula que exalta los sentimientos primarios de las aves con la minucia de la ternura. En ese sincretismo entre realismo y espiritualidad Marina enseña a descifrar la elocuencia de la naturaleza y a fraternizar con ella, creando  sugerencias en su subjetivismo para acomodar ave, paisaje y lector niño en un punto de la fantasía provista por la realidad.
            Ya en el libro Hilos de emoción la autora mostró su destreza narrativa para manejar materiales  ingenuos sin caer en la puerilidad; aflora en sus libros el asertivo atemporal, lúdico, que es parte del existir infantil. Koko esconde entre sus páginas, no sólo el espíritu de observación rápida y analítica de su creadora, sino también las fuerzas puras, sin malicia,  referidas en los colores y brillo del plumaje, en el bailoteo de primitiva seducción, en la expresión de lo real, en un mundo animal inmutable desde la antigüedad. Ese interés por abordar aquello que el tiempo no ha destruido deja de ser un retazo de frías especulaciones científicas para aflorar  en atractivas páginas, que, por encima de juicios teóricos, evidencian la mirada de reposo, sin temores que Marina Sandoval vuelca sobre la armonía de los perennes avestruces.
            Tal vez relatar el aire de paz, la atmósfera de levedad, la ternura en la rutina del apareamiento, no sólo sean cualidades  expresadas en afán de sublimar lo cotidiano, pueden representar el ímpetu que necesita la vida para vencer el tiempo, reencontrarse con la realidad virgen de los primeros días del mundo cuando la fuerza y el trabajo no implicaban fatiga. Por eso este libro lo leerán los niños paladeando las palabras reales y verdaderas con sabor de misterio, jugando con los avestruces. Lo decía Unamuno en Recuerdos de niño y mocedad: “Acaso no haya concepción más honda de la vida que la intuición del niño, que al fijar su vista en el vestido de las cosas, sin intentar desnudarlas, ve todo lo que las cosas encierran…Siente el misterio total y eterno, que es la más clara luz, toma la vida en juego y la creación en cosmorama” (p.128).

Bibliografía
Robledo Casanova, Ildefonso. http//www.egiptologia.com/religiony mitología/63-estudios-sobreelhombreyelmundoenel-antiguoegipto
Unamuno, Miguel de. (1982) Recuerdos de niñez y mocedad. Madrid: Espasa- Calpe

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